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Mochilas Wayúu convierten a Colombia, en país ícono de la artesanía mundial y en fiel reflejo de su cultura

Publicado el 8-6-12 en Viajes

Artesanía Wayúu

La revista Vogue desarrolló recientemente la inusual iniciativa de reunir a diseñadores de la talla de Carolina Herrera, Moschino y Vera Wang para intervenir un ícono de la artesanía colombiana, las mochilas Wayúu. El resultado fueron piezas  únicas, verdaderas obras de arte.

Hoy,  el diario británico The City Paper destaca la perfecta la relación entre  las artesanías elaboradas en Colombia  y la diversidad cultural de dicho país, al que señala  como uno de los de mayor variedad de artesanías a nivel mundial.

Iris Aguilar, integrante de la comunidad indígena Wayúu, del departamento de La Guajira señala que “los artesanos son nuestras raíces culturales. Somos nuestra tierra, nuestra comunidad. Donde quiera que estemos, nuestros artesanos pasan nuestra cultura de una generación a otra».

Las mochilas Wayúu, por ejemplo, se destacan por sus colores brillantes y sus diseños creativos, cada uno de los cuales tiene una historia y un significado especial. «El significado de los diseños y colores es el significado de nuestra cultura», explica Aguilar. «A través de los diseños quizás intentamos expresar el color del desierto o de la noche

Estos diseños exclusivos a menudo exigen materias primas costosas o difíciles de obtener y su producción puede tomar días o semanas. De cara a la presión creciente de las imitaciones sintéticas con bajo costo de producción, algunos grupos de artesanos, contando a menudo con apoyo gubernamental, se concentran en la sostenibilidad y en las materias primas naturales.

Los esfuerzos para mejorar la sostenibilidad se hacen más evidentes en la naturaleza ubicua de la fibra del fique, alternativa natural a los materiales sintéticos y utilizada para elaborar desde tapetes hasta individuales. «Todo lo que elaboramos es natural», dice Onilda Rodríguez, perteneciente a la comunidad indígena Kankuama. «Nuestros bolsos son tejidos en fique y los tintes se extraen de plantas. Cada planta produce un color diferente».

Sombreros

Además de promocionar la moda natural, la asociación nacional de artesanos de Colombia, Artesanías de Colombia, empezó hace poco a registrar los derechos de autoría internacional para algunas artesanías emblemáticas como la cerámica de la Chamba y el tradicional sombrero vueltiao.

Según la organización, el proyecto de derechos de autoría es el primer intento que se realiza en Latinoamérica para proteger la propiedad intelectual cultural tradicional, un paso adelante de enorme importancia para preservar la continuidad de técnicas ancestrales.

El Negocio de las artesanías

Pese a que las artesanías han sido siempre un gran negocio para los colombianos, representando una fuente importante de ingresos para cientos de miles de empresarios creativos, éstas incluso representan el principal motor económico de pueblos como San Jacinto, conocido a escala internacional por sus hamacas de confección manual. «Hay siete organizaciones de artesanos registradas en San Jacinto y cerca del 70% de la población se dedica a este oficio», explicó Edgar Carbal, un artesano de San Jacinto. El porcentaje puede ser aún mayor entre las comunidades indígenas.

Históricamente, gran parte de los productos artesanales se han quedado en el país y sus principales mercados han sido el turismo local y las ferias de artesanías.  Sin embargo, recientemente, los artesanos han comenzado a tantear el terreno de las exportaciones, en algunos casos de manera exitosa.

Dentro de las atracciones típicas  que se pueden encontrar dentro de la variedad de artesanías colombianas, está  la joyería elaborada a partir de la semilla de la tagua, las cerámicas de la Chamba, un tipo distintivo de cerámica negra modelada a mano con barro del Río Magdalena.

La clientela  es exclusivamente internacional.  Los mercados de Europa y Norteamérica son excelentes compradores y durante más de 20 años, se han exportado las cerámicas de la Chamba a Europa y EE.UU.

«Los abuelos enseñan nuestro oficio a los niños desde pequeños», observa el artesano Óscar Benítez, un tejedor de sombrero vueltiao de Tuchín, en Córdoba. «El primer juguete de un niño es la fibra de la palma».

Para una nación, cuya identidad permanece firmemente enraizada en la tradición artesana, es una suerte contar con las familias tejedoras de Tuchín cuya dedicación es la regla en vez de la excepción, garantía de un brillante porvenir para las artesanías de Colombia alrededor del mundo.

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